HISTORIA DEL RETABLO DE SANTA MARÍA DEL PUIG
(en castellano de la Colina)

Tres autores hablan de la imagen de la Virgen y su aparición en el Monte del Puig, son estos: Fray Felipe Guimeran (1591), Fray Francisco Boil (1631) y Fray Francisco Martínez (1760).

El Padre Juan Deversa recoge los datos contenidos en las leyendas a partir del siglo XVI y las resume de la siguiente manera:

Apenas trasladado al cielo por las manos angélicas el cuerpo vivo de María Santísima, raudos como la luz, se presentaron dos espíritus celestiales en el que había sido, por poco tiempo, sepulcro de la Madre de Dios; y arrancando una losa de aquel sagrado recinto (dícese que del lugar mismo donde reposó la cabeza santa) labraron con cinceles de oro y martillo de plata, un retrato sedente de su Reina.

Remontaron después el vuelo hacia la "Región Luciente". Buscaron desde la alturas un trono adecuado para el simulacro que consigo llevaban. Se fijaron en la montañuela de El Puig, humilde y graciosa como la Señora. Descendieron, y... en una oquedad o gruta que formaron las rocas de la colina ocultaron la imagen.

Allí permaneció hasta la venida de los Santos Apóstoles Santiago, Pedro y Pablo, que la descubrieron y la presentaron a los primeros cristianos para que a ella recurrieran en todas sus cuitas.

Los españoles romanizados le construyeron una capilla. En tiempo de los visigodos, llegaron monjes Basilios, o Benedictinos según otros, y entorno a la capilla levantaron un Monasterio, del cual, según Beuter, quedan cimientos y fragmentos cilíndricos de columnas.Santa María del Puig

Para la torre, en el año 622, fabricaron una gran campana y en la orla grabaron: "SANTA MARÍA RUEGA POR NOSOTROS. TU IMAGEN NOS SEA PROTECTORA, LA CUAL FUE LABRADA EN UNA PIEDRA DE TU SEPULCRO POR ÁNGELES, Y TRAÍDA POR ELLOS Y HONRADA CON LA VENIDA DE LOS APÓSTOLES, TUS SIERVOS TE REVERENCIAMOS. ECHA LEJOS DE NOSOTROS LOS RAYOS Y TRUENOS CON EL SONIDO DE LA CAMPANA, LA CUAL HICIMOS EN LA ERA SEISCIENTOS SESENTA".

Pasa el tiempo, los musulmanes invaden la península. Los monjes, temerosos de que fuese profanada la imagen, abren una cavidad en la capilla y allí depositan la imagen y sobre ella la campana de la espadaña visigótica, disimulando el lugar del enterramiento.

Vuelve a pasar el tiempo, hasta que un día llega Jaime I el Conquistador, rubio como David, valiente como Miguel, galopador como Santiago. Los sarracenos huyen, rehace el castillo (una patada de su caballo hace brotar una fuente) dejando en el mismo algunas tropas capitaneadas por su tío Guillén de Entensa, regresando a sus tierras en el reino de Aragón.

Por la noche, durante varios sábados del verano de 1237, vieron los centinelas desde las almenas de su castillo como siete lucidas estrellas descendían y desaparecían en un mismo punto del próximo altozano. Avisaron al Capitán, éste consultó con San Pedro Nolasco, muy ducho en cosas del Cielo, y decidieron cavar donde los astros cayeran.

Removidos los escombros, tropezó el pico con la campana. Levantaron el pesado bronce y apareció la Imagen de Santa María del Puig.

De todo la anterior, cabe resaltar: Fue labrada por los ángeles (siglo I de la era cristiana) sobre piedra del sepulcro de la Virgen y trasladada al Puig. Esta es la leyenda y la tradición puchera.

El lugar cambió de nombre, según se puede leer en la Crónica Real de "APUD CASTILLO DE CEBOLLA" por "APUD PRODUIN SACTE MARIAE".

El Papa Benedicto XIII (1407) concedió una bula en la que se dice: "Por todas estas razones, otorgamos y concedemos, por el tenor de las presentes Letras Apostólicas a todos los fieles cristianos, que con la devota peregrinación, visitaron la dicha Sacra Casa de Santa María, Plenaria Indulgencia y Remisión de sus pecados".

La imagen, en retablo cerámico, que fue introducida en la Capilla de la Zarza, se realizó el 16 de octubre de 1998 con la presencia del Capítulo Directivo de la Real Orden de Caballeros de Santa maría del Puig y bendecida por el Señor Cura Párroco de Pozuelo, todo se hizo a instancias y costa del Comendador de dicha Real Orden, el Ilmo. Sr. D. Miguel Aparicio Marín.